domingo, 6 de noviembre de 2011

VENTAJA PARA EL SALVADOR

La semana recién pasada El Salvador y Estados Unidos firmaron un pacto, un asocio, para fomentar el desarrollo de la economía salvadoreña.  Los temas fundamentales son la mejora en la seguridad de las personas y sus bienes, y en la competitividad y productividad del país.  El Presidente Funes, la cabeza del gobierno del FMLN, una vez más ha hecho gala de su pragmatismo y liderazgo y con sus decisiones ha logrado una importante ventaja para El Salvador.  Gracias a ello, nuestros vecinos, que ya cuentan con un ingreso per cápita que es el doble del nuestro, verán a su país separarse más del resto de sus vecinos.

Para poder entender el alcance del pacto, veamos las medidas listadas en la edición de El Diario de Hoy correspondiente al 3 de noviembre.  Esas medidas son:

· “Integración de un consejo de crecimiento para analizar los asuntos relativos a la competitividad, que busque las soluciones a las barreras del crecimiento y haga que El Salvador sea más atractivo para la inversión.”
· “Un entorno regulatorio favorable para los negocios, mejorará la infraestructura y atraerá nuevas inversiones en la educación.”
·  “Apoyo a las asociaciones público-privadas e iniciativas como buscar un operador del sector privado para operar el puerto de La Unión.”
·  “Contribuirán al despliegue de unidades policiales especializadas para combatir la delincuencia y el establecimiento de  la policía comunitaria.”
·  “Promoverán la ampliación de oportunidades de educación y empleo para jóvenes en riesgo y apoyo al desarrollo de una nueva generación de empresarios.”
·  “Aumento de los esfuerzos por reducir la demanda de drogas ilegales en los Estados Unidos a través de la educación, prevención y tratamiento, y para cortar el flujo de armas y fondos ilícitos de los Estados Unidos a la región.”
En una entrevista que El Diario de Hoy lograra con el Presidente Obama, este decía que “Bajo el Asocio para el Crecimiento, en los próximos cinco años, vamos a trabajar juntos para combatir la inseguridad a través de programas para fortalecer las instituciones del Estado de Derecho y prevenir violencia.  Vamos a colaborar con el despliegue de unidades policiales especializadas para combatir la delincuencia y vamos a apoyar al nivel nacional el establecimiento de la policía comunitaria.  Trabajando en conjunto con el sector privado y la sociedad civil de El Salvador, vamos a ampliar las oportunidades de educación y empleo para jóvenes en riesgo y apoyar el desarrollo de una generación de empresarios.”
De lo anterior se puede concluir que habrá mejoras sustantivas en el clima de seguridad de El Salvador, lo cual fomentará la inversión y la generación de empleo.  La adopción del modelo de policía comunitaria, que probablemente se base en el paradigma de una policía municipal (ya que este es el modelo que emplea, y por tanto conoce, Estados Unidos), producirá beneficios tangibles en el corto plazo.  Para asegurar el éxito, también se contará con unidades policiales especializadas.
Por otro lado, y para fomentar la inversión, se mejorará el marco regulador, la educación y la infraestructura, se fortalecerá el estado de derecho, y se privilegiará las asociaciones público-privadas, incluyendo la contratación de una empresa privada para que opere el puerto en La Unión.  Todo esto se da en el contexto de un gobierno del FMLN.  Ya podrán imaginarse las lectoras la reacción de la izquierda hondureña si un modelo similar se propusiera para el desarrollo nacional.
Finalmente, llama poderosamente la atención el último punto del Asocio y que se refiere a las medidas a tomar por Estados Unidos para reducir la demanda de drogas y el tráfico de armas y de capitales.  Es la primera vez, que yo sepa, que Estados Unidos asume un compromiso como este en un tratado bilateral, y debemos todos agradecerle a El Salvador por lograr su inclusión en el Asocio.  Como lo he manifestado reiteradamente, el narcotráfico no podrá ser combatido si Estados Unidos se niega a atender el problema de la demanda y el tráfico de armas.
Mientras felicito a El Salvador, me veo obligado a preguntar ¿y nosotros?  Lamentablemente seguimos secuestrados por la discusión de temas que no son prioritarios para la población, como el Tribunal Constitucional.  Seguimos recurriendo a contrataciones directas que solo generan una sensación de opacidad y fomentan la percepción de la corrupción.  Ojalá que despertemos pronto para que nuestro país retome la ruta del crecimiento económico y el desarrollo.  Solo tenemos que ver el ejemplo que nos brinda nuestro vecino, que cada día nos saca ventaja.

lunes, 31 de octubre de 2011

DE MAL EN PEOR

Por diversas razones no he podido escribir mis artículos semanales, pero lo que he visto y leído recientemente me han motivado para retomar esta tarea.   Me refiero a diferentes publicaciones que nos describen como el país más violento del continente, o en el mejor de los casos, como el segundo país más violento, así como a otras publicaciones que nos presentan como una nación poco amigable a la inversión, y por tanto a la generación de empleo.  En ambos temas, en efecto vamos de mal en peor.
En cuanto a la violencia y la delincuencia, cada día nos trae noticias espeluznantes y desesperantes. El asesinato del hijo de la Rectora ha golpeado la conciencia nacional, y el impacto sobre la colectividad será aún peor si en efecto se prueba que hay elementos de la policía nacional involucrados en ese execrable acto.  La combinación del narcotráfico, las maras y la delincuencia común se han convertido en un peso insoportable sobre la sociedad.  Los impuestos de guerra, que antes afectaban solamente a las colonias marginales, ahora han ampliado su radio de influencia hasta llegar al centro de la ciudad.  La impresión de la ciudadanía es que el sistema de seguridad nacional ha colapsado.  El incremento de la delincuencia ha sido tan grande que han rebasado con creces la capacidad de las fuerzas de seguridad.  Como resultado, impera un clima de impunidad del delito que invita a que más personas delincan, con la seguridad de que no serán atrapados, o que si lo son, quedarán en libertad rápidamente.
A mi juicio, el problema se agravó con el recrudecimiento de las actividades del narcotráfico.  Sus actos delictivos, horribles e impactantes, han servido para poner en evidencia la incapacidad de nuestras fuerzas de seguridad, y esto a la vez, ha envalentonado a los pandilleros y a los delincuentes comunes.  A mi entender, el problema del narcotráfico no tendrá solución a menos que Estados Unidos decida que el problema no solo es de suministro y tráfico, y que también se debe enfrentar la demanda en los países consumidores.  Sin embargo, no veo la voluntad política en Estados Unidos para hacer esto, por lo que lo único que podemos hacer es exigir que Estados Unidos asigne suficiente recursos para impedir que la droga ingrese a nuestro país.  Que en efecto les resulte mejor a los narcotraficantes enviar la droga por otra ruta.  Paralelo a esto, debemos retomar el control del territorio nacional, procurando, si fuera necesario, la ayuda internacional.  Si no podemos hacerlo con nuestras propias fuerzas, entonces busquemos cascos azules o lo que se necesite, para retomar el control de nuestro territorio.  Que no se me diga que eso vulneraría nuestra soberanía.  Hay formas de manejar ese aspecto.  En todo caso, si perdemos el control de nuestro territorio, si no podemos proteger la vida y los derechos de nuestros ciudadanos, ¿podemos realmente hablar de ser un país soberano?  ¿Podemos siquiera pretender ser un país?
El torbellino de la violencia obviamente acarrea la violación de los derechos humanos.  En nuestro caso preocupa sobremanera el asesinato de periodistas.  Nuevamente las noticias son patéticas.  Leía esta mañana que ahora somos uno de los países más peligrosos, en todo el mundo, para el ejercicio del periodismo.  Lo peor en este caso, además de las muertes, por supuesto, es el temor que genera entre los periodistas, y la tendencia a la autocensura para evitar ser víctima.  En otras palabras, se limita o se pierde la libertad de expresión e información, ambos pilares la para existencia de una nación soberana y democrática.
Al final, me parece que debemos repensar nuestro enfoque en cuanto a la lucha contra la delincuencia y el crimen.  A mi juicio, el problema no se resolverá simplemente asignándole más presupuesto a la Secretaría de Seguridad.  Hay que reconsiderar el enfoque, ya que el concepto de una policía nacional ha ya agotado todas sus posibilidades.  Siento que se necesita una policía comunitaria, cercana y ligada a su comunidad, y eso implica municipalizar la policía, conservando una policía nacional dedicada únicamente a la investigación de ciertos delitos, como el narcotráfico y el secuestro.  Todo lo demás debería dejarse en manos de las municipalidades.  De hecho, algunas de ellas, como la de Puerto Cortés, decidieron desde hace algún tiempo, tomar cartas en el asunto, pero sus esfuerzos se han visto limitados y coartados por las limitaciones que nuestra legislación le impone a la policía municipal.  Me parece que ese es el modelo que debemos seguir y que es la única manera de generar la confianza en las personas y la comunidad.  Caso contrario, seguiremos inmersos en una situación en la cual los ciudadanos desconfían de la policía, y más que un aliado, ven un enemigo potencial en ella.  En este mismo orden de cosas, me parece que la policía de investigación nacional debería estar bajo el mando del Ministerio Público.
Entiendo que algunas de estas decisiones no son fáciles de tomar.  Hay muchos beneficiarios del sistema imperante y ellos serían los perdedores, en caso de optar por una reforma profunda de nuestro sistema de seguridad.  Seguramente que las lectoras podrán identificar fácilmente a los actuales beneficiarios.  Por supuesto que una reforma exitosa haría que la gran mayoría de los hondureños ganemos.  Por esa razón me parece urgente que comencemos un diálogo nacional sobre este tema, y que igualmente de manera urgente implantemos las decisiones que resulten de nuestro diálogo.  En cuanto al tema de la pérdida de terreno para atraer la inversión y generar empleo, me referiré a ello la próxima semana.  Suficiente preocupación tenemos ya con el tema de la inseguridad.